Miriam Amparo

Miriam Amparo, emprendedora - Pro Mujer en Peru
Miriam en su cocina sirviendo el almuerzo con la ayuda de sus hijas.

Miriam Amparo Málaga Chora trabaja catorce horas al día. Madre de dos chicas adolescentes, Miriam también es propietaria de un restaurante popular en la provincia de Arequipa, en el sur del Perú. Antes de formar parte de Pro Mujer, el negocio de Miriam consistía en un pequeño puesto de alimentos en la calle. Hoy día, existe un salón dentro del restaurante, el cual fue construido con el apoyo de su familia, para que su clientela se pueda sentar tranquilamente a comer y/o a cenar.

“Toda mi familia trabaja en mi negocio…Con el apoyo de Pro Mujer, tenemos nuevas metas y más productos. Podemos capitalizar el negocio,” dice Miriam.

El primer préstamo de Miriam con Pro Mujer fue de aproximadamente $300 dólares. En los últimos cinco años, tanto el monto como los plazos de pago se han duplicado. “Antes, enfrentábamos muchas dificultades,” dice Miriam. “Con el negocio, tenemos suficiente para darnos un gusto de vez en cuando…Sabemos que nuestros hijos no se van a morir de hambre.”

Formar parte de Pro Mujer nos ha ayudado a crecer como mujeres y como familia.

Además de los préstamos, Miriam y su familia también han aprovechado los servicios de salud que ofrece Pro Mujer. “El examen de Papanicolaou nos beneficia a todos,” dice ella. “Si no controlamos nuestra salud, nos arriesgamos a enterarnos de que tenemos una enfermedad grave cuando ya es demasiado tarde. Eso significa el Pap, tomar precauciones.”

Siempre que llega la clínica móvil de Pro Mujer al pueblo de Miriam, la familia entera asiste. La madre de Miriam es diabética. Ahí, ella se controla los niveles de azúcar en la sangre, evitándole a la familia un viaje de ida y vuelta a Arequipa, el cual tiene un costo de $15 dólares, y honorarios médicos más elevados.

Las clínicas móviles de Pro Mujer proveen una amplia gama de servicios en zonas rurales y peri-urbanas que de otra forma no tendrían acceso a servicios de salud o sería un servicio muy limitado. “El público en general se beneficia,” dice Miriam. “El que quiera ir, puede hacerlo; no le cierran las puertas a la gente que no forma parte de Pro Mujer.”

Si bien a Miriam le entusiasma hablar de sus largas jornadas en el restaurante, ella sueña con días menos ajetreados en el futuro. “El trabajo en restaurante es pesado. A largo plazo, con el apoyo de Pro Mujer, espero tener otro tipo de negocio. Quiero viajar y tener empleados.”

Miriam también sueña con que sus hijas tengan mejores oportunidades que ellas. “Veo que a otros padres no les va tan bien,” dice Miriam. “Les digo a mis hijos que deben estar agradecidos. Hay niños que van al colegio en sandalias. Mis hijos viven más cómodamente. No tienen excusas para no hacer la tarea o sacar buenas calificaciones en la escuela. Tienen esa ventaja.”

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