Sandra Sanchez

Sandra Sánchez, madre de cinco jóvenes en la provincia argentina de Salta, fue criada por sus abuelos. Si bien ellos no podían pagar sus estudios, se aseguraron de que Sandra obtuviera las herramientas básicas necesarias para salir adelante. Así fue como ella aprendió a coser en varios cursos de costura, una habilidad que el día de hoy le sigue rindiendo frutos.

Por años, Sandra hacía trabajos de costura sencillos para sus vecinos, pidiendo que ellos aportaran los materiales ya que ella no tenía los recursos para comprarlos. Gracias a los préstamos que recibió en Pro Mujer en el último año, Sandra ahora dirige un negocio de costura desde la comodidad de su hogar, brindando sus servicios a clientes dentro y fuera de su barrio.

El primer préstamo que obtuvo Sandra de aproximadamente $60US le permitió echar a andar su negocio. Con su segundo préstamo seis meses después, ella pudo comprar herramientas, tela e hilo. Su tercer y actual préstamo se convirtió en aún más telas, cortinas, pijamas y otra variedad de ropa. Además, sirvió para cubrir parte de los estudios de sus hijas. Desde que Sandra forma parte de Pro Mujer, sus ingresos han crecido un 50 porciento, permitiéndole finalmente comprar e instalar pisos de losa en las cuatro habitaciones de su casa.

Antes de que echara a andar su negocio, Sandra se sentía sola y a veces hasta deprimida cuando se quedaba en casa sin tener una ocupación. Los préstamos de Pro Mujer fueron “un incentivo para salir adelante” en un momento en el que pasaba mucho tiempo sin sus hijos y su marido.

En el último año, Sandra ha vivido varios cambios significativos. Hace unos meses, empezó a tener dolores de cabeza fuertes día y noche. Cuando visitó su Centro de Servicios Pro Mujer para realizar su pago, la enfermera la invitó a hacerse un chequeo. Una toma de presión y estudios subsecuentes revelaron que Sandra era hipertensa y tenía que seguir un tratamiento, lo cual la tomó completamente por sorpresa.

“Nunca me había tomado la presión y nunca me imaginé que pudiera tener un problema,” dice ella. “Cada vez que me dolía la cabeza, me auto-medicaba o me hacía exámenes, pero nunca se los llevaba al doctor para que los revisara.”

Desde aquella diagnosis, Sandra ha tenido que cambiar su estilo de vida.

“Empecé a comer más sano; no le añado sal a los alimentos, casi no tomo gaseosas, tomo más agua, empecé a caminar y dejé de fumar,” asegura. “Todo ha cambiado un poco, hasta la dinámica en casa. Los chicos se preocupan más por mi.”

Hoy día, Sandra tiene una apreciación renovada por ella misma y por lo que contribuye al bienestar de su familia.

“Antes, me levantaba, estaba en la casa y nada más,” dice ella. “Ahora, se que puedo ayudar a mis hijos con lo que hago. Yo les regalo porque se que sale de mi trabajo y la gente me viene a ver porque les gusta lo que yo hago. Me levanto a trabajar y [lo que me motiva] es mi costura, es mi trabajo…Veo que si estoy haciendo algo, algo por mi y algo que sale de mi, hecho por mi, de mis manos. “